Fiesta de
Pascua-Ázimos
El titulo del presente
artículo puede resultar a simple vista extraño al lector. Hay una serie de
interrogantes que afloran a la superficie espontáneamente:
-¿Tienen algo que aportar
las fiestas del Antiguo Testamento a nuestras celebraciones litúrgicas?
-¿No ha cambiado
fundamentalmente el concepto de celebración del Antiguo al Nuevo Testamento?
-¿No están superadas ya
todas las fiestas del Antiguo Testamento desde una óptica cristiana?...
Sin embargo, hay un dato
incontestable: fiestas como la Pascua o Pentecostés y otras son la terminal
indudable de un dinamismo que, nacido con frecuencia en culturas no bíblicas,
pasa a formar parte del talante festivo del pueblo de Dios antes o al llegar a
la Tierra Prometida, llegando a su plenitud en Jesús y la comunidad cristiana
primitiva. Estas fiestas están tan enraizadas en el Antiguo Testamento que, sin
éste como clave hermenéutica y punto de partida, resulta imposible descifrar su
profundo significado liberador.
CELEBRACIÓN O FIESTA
Por
celebración entendemos "la expresión comunitaria, ritual y alegre de
experiencias y anhelos comunes, centrados en un hecho histórico o
contemporáneo" (2).
Según esta definición es
fundamental para la fiesta que haya algo que celebrar (un hecho)
y un grupo que celebre (una comunidad). El hecho que
celebramos puede ser pasado o presente, pero la celebración
lanza a los participantes al futuro (anhelo de que ese hecho pasado o
contemporáneo siga produciendo efectos beneficiosos que se puedan disfrutar a
partir de ahora). Toda fiesta debe tener, por tanto, una dimensión escatológica
o apertura de la esperanza. Siendo la celebración expresión comunitaria hace
falta ponerse de acuerdo en el cómo de la misma (un rito), y
por ser celebración debe tener carácter festivo, alegre, jubiloso (alegría).
Fiesta de Pentecostés-Semanas
Pentecostés (del griego πεντηκοστή pentēkostḗ ‘quincuagésimo’) es el término con el que
se define la fiesta cristiana del quincuagésimo día después del Domingo de
Pascua de Resurrección. Se trata de una festividad que pone término
al tiempo pascual y que configura la culminación solemne
de la misma Pascua, su colofón y su coronamiento.
A los
50 días de la Pascua, los judíos celebraban la fiesta de las siete semanas (Ex 34:22), que en sus orígenes tenía carácter
agrícola. Se trataba de la festividad de la recolección, día de regocijo y de
acción de gracias (Ex 23:16), en que se ofrecían las primicias
de lo producido por la tierra. Más tarde, esta celebración se convertiría en
recuerdo y conmemoración de la Alianza del Sinaí,
realizada unos cincuenta días después de la salida de Egipto. No hay registros
de la celebración de esta fiesta en el siglo I con connotaciones cristianas.
Las primeras alusiones a su celebración se encuentran en escritos de san Ireneo, Tertuliano y Orígenes,
a fines del siglo II y principios del siglo III. Ya en el siglo IV hay
testimonios de que en las grandes Iglesias de Constantinopla, Roma y Milán, así
como en la península ibérica, se festejaba el último día
de la cincuentena pascual.
- a18 Manasés
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