martes, 21 de marzo de 2017

Cómo Slobé casa a su hermana

1. Resumen del libro: Hubo una vez, en la casa de los Ohrenstein y su gran tienda de novedades para señoras, en las que estaban las hijas de Ohrenstein, que ayudaban a traer a parroquianos. Las mujeres compraban más a gusto o ver a las hijas de Ohrenstein probándose las cosas. Las hijas, una se llamaba Slobé, morena y esbelta, o a la rubia y opulenta Belé. A la joven Slobé le gustaba mucho ir a la librería y al gabinete de lectura de Luis Jadassoon. Ella iba más a librería, y él la miraba tiernamente. Al día siguiente, él se presentó en la casa de los Ohrenstein y pidió la mano de Slobé y ella le dijo que sí. Pero su hermana Belé lo negó. A Belé la pidieron la mano muchas veces, pero su mal genio conducido un día a un joven pintor a la pequeña ciudad, al pie de los Argonnes, y este la pintó como Esther, tendida entre ricos cojines; desde entonces ningún hombre se atreve a pedirla mano. Slobé y Jadassoon querían casar a Belé. Un día llegó el hijo de la viuda Schnick, Simón. Durante el paseo siguiente del Sabbat, Jadassoon hizo que Simón se fijara en Belé, y este la encontró magnífica. Al día siguiente, Jadassoon presentó a Simón en casa de Ohrenstein. Slobé preparó todo y la señora Forges pidió ver un vestido que acababa de llegar de París. Belé se lo puso y Simón la vio y la cortejo. La señora Schnick ya había elegido una novia para su hijo: Clara Ben Schoren, pero Simón dijo que no se casaría con ella. Aquel día Simón pidió la mano de Belé y los padres aceptaron. Las dos parejas ya preparaban la fiesta de bodas. Llegaron parientes de todos los sitios. Como los abuelos Jadassoon y Ohrenstein eran muy ortodoxos, se siguieron muchas costumbres antiguas.

2. De donde procede el cuento y las comunidades judías: El cuento procede de Bélgica, donde había muchas comunidades judías en Amberes, donde había una gran comunidad, en concreto 18.000, alrededor de la mitad de la población judía en Bélgica, porque los otros 22.000 estaban en Bruselas.

3. La petición de mano y la boda: En la religión judía el matrimonio es un ideal y un deber. Aunque en la actualidad ya no es así, antaño la elección de la respectiva pareja no era hecha por el individuo en cuestión (novio o novia) sino por la familia, generalmente, por los padres o abuelos, quienes escogían el futuro cónyuge de su hijo o hija, eso sí, siempre dentro de la comunidad judía. Los novios, entran en la Sinagoga acompañados de sus padres, de los padrinos y del resto de la familia portando velas. Según reza la tradición, los novios se colocan debajo de la “jupá”, un tipo de tienda o palio que designa a la novia y el novio como una entidad separada. Ellos entran a su dominio propio e independiente. Hay veces que se coloca la jupá al aire libre como un signo de buena suerte para que la descendencia de la pareja sea tan numerosa como las estrellas. Hay dos partes fundamentales de la ceremonia. La primera se completa cuando el novio coloca el anillo en el dedo de la novia. Esto puede tener lugar si él le entrega cualquier cosa de valor y declara que ella es su novia y si ella lo acepta. Este ritual también es conocido como kidushín, lo cual significa santificación… El anillo en el dedo de la novia sirve como un recordatorio constante de que está casada pero todavía es necesario el procedimiento de nisuín para permitirles intimar. La segunda parte o Nisuín se considera un rito sagrado, en el cual se invita a la gente y se recitan las Siete Bendiciones. El rabino, pronuncia a la pareja siete bendiciones, “sheva berajot“, bendice una copa de vino, de donde beben los novios y el rabino. La novia rodea al novio 7 veces para simbolizar que una esposa es como una “muralla protectora” que cuida al marido y ayuda a definirlo. Además, se firma y se lee en público un documento matrimonial, la “ketubá” donde constan las obligaciones que el hombre toma sobre si como esposo, y la indemnización que deberá pagar a la mujer en el caso de que alguna vez quiera divorciarse de ella. También firman, al pie de la ketubá, dos testigos de la ceremonia. Sin esta ceremonia, el matrimonio no es completo. La costumbre es que el novio rompa una copa al concluir la ceremonia. Generalmente el Rabino que oficia la ceremonia envuelve la copa en una servilleta y la coloca cerca del pie del novio. Entonces el novio pisa la copa con el pie derecho para recordar que incluso en medio de una gran alegría, el mundo sigue siendo incompleto sin el Templo en Jerusalén.


B11 Elías

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