1. Resumen del libro: Hubo una
vez, en la casa de los Ohrenstein y su gran tienda de novedades para señoras,
en las que estaban las hijas de Ohrenstein, que ayudaban a traer a
parroquianos. Las mujeres compraban más a gusto o ver a las hijas de Ohrenstein
probándose las cosas. Las hijas, una se llamaba Slobé, morena y esbelta, o a la
rubia y opulenta Belé. A la joven Slobé le gustaba mucho ir a la librería y al
gabinete de lectura de Luis Jadassoon. Ella iba más a librería, y él la miraba
tiernamente. Al día siguiente, él se presentó en la casa de los Ohrenstein y
pidió la mano de Slobé y ella le dijo que sí. Pero su hermana Belé lo negó. A
Belé la pidieron la mano muchas veces, pero su mal genio conducido un día a un
joven pintor a la pequeña ciudad, al pie de los Argonnes, y este la pintó como
Esther, tendida entre ricos cojines; desde entonces ningún hombre se atreve a
pedirla mano. Slobé y Jadassoon querían casar a Belé. Un día llegó el hijo de
la viuda Schnick, Simón. Durante el paseo siguiente del
Sabbat, Jadassoon hizo que Simón se fijara en Belé, y este la
encontró magnífica. Al día siguiente, Jadassoon presentó a Simón en casa
de Ohrenstein. Slobé preparó todo y la señora Forges pidió ver un vestido
que acababa de llegar de París. Belé se lo puso y Simón la vio y la cortejo. La
señora Schnick ya había elegido una novia para su hijo: Clara Ben Schoren,
pero Simón dijo que no se casaría con ella. Aquel día Simón pidió la mano de
Belé y los padres aceptaron. Las dos parejas ya preparaban la fiesta de bodas.
Llegaron parientes de todos los sitios. Como los abuelos Jadassoon y
Ohrenstein eran muy ortodoxos, se siguieron muchas costumbres antiguas.
2. De donde procede el cuento y las
comunidades judías: El cuento procede de Bélgica, donde había muchas
comunidades judías en Amberes, donde había una gran comunidad, en concreto
18.000, alrededor de la mitad de la población judía en Bélgica, porque los
otros 22.000 estaban en Bruselas.
3. La petición de mano y la boda: En la
religión judía el matrimonio es un ideal y un deber. Aunque en la actualidad ya
no es así, antaño la elección de la respectiva pareja no era hecha por el
individuo en cuestión (novio o novia) sino por la familia, generalmente, por
los padres o abuelos, quienes escogían el futuro cónyuge de su hijo o hija, eso
sí, siempre dentro de la comunidad judía. Los novios, entran en la Sinagoga
acompañados de sus padres, de los padrinos y del resto de la familia portando
velas. Según reza la tradición, los novios se colocan debajo de la “jupá”, un
tipo de tienda o palio que designa a la novia y el novio como una entidad
separada. Ellos entran a su dominio propio e independiente. Hay veces que se
coloca la jupá al aire libre como un signo de buena suerte para que la
descendencia de la pareja sea tan numerosa como las estrellas. Hay dos partes
fundamentales de la ceremonia. La primera se completa cuando el novio coloca el
anillo en el dedo de la novia. Esto puede tener lugar si él le entrega
cualquier cosa de valor y declara que ella es su novia y si ella lo acepta.
Este ritual también es conocido como kidushín,
lo cual significa santificación… El anillo en el dedo de la novia sirve como un
recordatorio constante de que está casada pero todavía es necesario el
procedimiento de nisuín para permitirles intimar. La segunda parte o Nisuín se
considera un rito sagrado, en el cual se invita a la gente y se recitan las
Siete Bendiciones. El rabino, pronuncia a la pareja siete bendiciones, “sheva berajot“, bendice una copa de vino, de donde
beben los novios y el rabino. La novia rodea al novio 7 veces para simbolizar
que una esposa es como una “muralla protectora” que cuida al marido y ayuda a
definirlo. Además, se firma y se lee en público un documento matrimonial, la “ketubá” donde constan las obligaciones que el hombre
toma sobre si como esposo, y la indemnización que deberá pagar a la mujer en el
caso de que alguna vez quiera divorciarse de ella. También firman, al pie de la
ketubá, dos testigos de la ceremonia. Sin
esta ceremonia, el matrimonio no es completo. La costumbre es que el novio
rompa una copa al concluir la ceremonia. Generalmente el Rabino que oficia la
ceremonia envuelve la copa en una servilleta y la coloca cerca del pie del
novio. Entonces el novio pisa la copa con el pie derecho para recordar que
incluso en medio de una gran alegría, el mundo sigue siendo incompleto sin el
Templo en Jerusalén.
B11 Elías
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