Mercados y ferias
Los mercados: fueron lo que favorecieron el
desarrollo urbano e industrial. Al crecer los negocios, se establecieron en las
ciudades, abrieron sucursales, agencias, organizaron los transportes terrestres
y marítimos, y llegaron a intervenir en la fabricación de los productos.
Desde muy pronto, los mercaderes
tuvieron que agruparse en corporaciones llamadas Guildas
o Hansas en el norte. Habían conseguido posiciones privilegiadas al
frente de los municipios burgueses.
Pero los riesgos eran grandes: había
que organizar caravanas, colocarse pagando un censo bajo la protección del
señor de los territorios que se atravesaban, y esto no impedía que las bandas
de ladrones robaran las caravanas. Por ello, preferían recorrer sólo parte del
camino, hasta los lugares de reunión donde se podía encontrar las mercancías
llegadas de otras regiones.
Las ferias: Las ferias
eran los puntos de reunión de los mercaderes que seguían las rutas terrestres.
Las de Champaña se contaban entre las más famosas.
Las mercancías de la zona mediterránea, monopolizadas
por las ciudades italianas, y las del mar del Norte y del Báltico, llegaban por
igual a estas ferias. Troyes, Lagny, Provins y Bar sur Aube debían su
superioridad no sólo a la ventaja de su posición geográfica, sino también a la
inteligente política de los condes de Champaña, que se habían atraído, mediante
eficaces garantías, a los traficantes y mercaderes de todas las regiones.
Así, seis veces al año, entre la primavera y el
invierno, una inmensa multitud de tiendas de campaña y otros habitáculos surgía
en las pequeñas aldeas de Champaña. Cada artículo era tratado por turno: venían
primero los paños, después los cueros a los que se daba el nombre de
«cordobanes», y luego los productos que se vendían al peso, especialmente las
especias y las materias aromáticas y colorantes. Tras un tiempo determinado,
acababan las transacciones propiamente dichas y comenzaba la fase final o
«salida», en la que se hacían las cuentas.
Estas operaciones de pago al fin de la feria permitían
hacer negocios más importantes, pues cada uno podía comprar y vender por más
dinero del que tenía en circulación. Era, en definitiva, un sistema de
intercambios, cuyo desarrollo permitía paliar la insuficiencia de metales
preciosos. Así, no era raro ver vender más de 50.000 piezas de paño de origen
flamenco, en el curso de una sola sesión en una feria de Provins.
C21LIA
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